Veinte minutos antes de ir al gimnasio
2020 Puebla (COVID)Tengo veinte minutos para escribir antes de tener que acudir a mi cita al gimnasio, sin embargo, dentro de estos veinte minutos voy a tener que acomodar una ida al baño. De nuevo estoy enfermo del estómago, pareciera que desde que volví a México, mis movimientos intestinales no han sido normales. Recuerdo que cuando estaba en España pensaba “pero cómo era que podía vivir así, cagando entre cinco y diez veces al día, y me parecía lo más normal?”. Es extraño porque mi dieta y mi alimentación es muy similar. No como en la calle y me cocino todo en casa. Es cierto que no desinfecto las verduras, y quizás soy un poco laxo en lo que se refiere a la conservación de alimentos, pero lo mismo hacía en España y andaba estupendamente del estómago.
Me están llegando notificaciones de whatsapp. Un buen amigo me pidió que le ayudara con la redacción de unas user stories para un trabajo al que está aplicando como business analyst. Ahora entiendo porqué hay tanto software mal hecho. Quiero a mi amigo como a nadie en el mundo, sin embargo, su visión de cómo deberían funcionar los sistemas me es completamente ajeno. Y no es que yo sea alguien centrado en el usuario, quizás soy centrado en mi mismo. Pondré el ejemplo en específico: cuando un usuario recibe una tarjeta de crédito en el correo, tiene que activar la tarjeta a través del portal del banco. ¿Qué es lo que pedía para activarla? Todos los datos de la tarjeta (número, expiración y CVV) ¿por qué? El sistema ya sabe qué tarjeta te envió, sólo tiene que asegurarse que sea la tarjeta correcta, con un sólo dato es suficiente. A menudo me topo con este tipo de cosas y me irrita de sobremanera—porqué me haces introducir información que ya tienes? Déjame en paz. Hacerle cambiar de opinión fue fácil, pero me extraña mucho que no le sea obvio.
Hay muchas otras cosas que me parecen obvias y que otras personas no lo experimentan de la misma manera, especialmente en cuestiones psicológicas. El otro día estaba platicando con Óscar, y me dice “me gusta mucho entender cómo piensa la gente” y le digo “eso se llama psicología Óscar, ¿Y porqué te gusta saber cómo piensa la gente?”, “pues porque me gusta poder ayudar”.
“Uy Óscar, saber ayudar a la gente es más complicado de lo que parece, no digo que necesites estudiarlo, pero sí se necesita cierto don”. “Nah es fácil, si alguien te cuenta un problema sólo tienes que hacerle ver que tú también sufres por lo mismo y por lo tanto entiendes”.
“A ver Óscar, vamos a hacer un ejercicio. Cuéntame acerca de algo doloroso en tu vida”. “Cuando nací tuve muchos problemas, este labio (tiene labio leporino), y nací mal de la cadera, y un poco prematuro, y mi mamá no me quería por feo”. “Ahhh que mala onda. Cuando yo nací se me dislocó el hombro y mi mamá tuvo muchos problemas con el parto. Dice que fue horrible”.
¿Lo notaste? ¿Qué sentiste con mi respuesta? “Que no me estabas escuchando, que quisiste superarme”—exactamente! para ayudar a la gente hay que aprender a callar y escuchar con mucha atención, y poca gente tiene esa cualidad. Yo no la tengo, pero a veces siento el impulso de interrumpir, de aportar mi experiencia, pero uno tiene que aprender a callarse y escuchar con mucha atención, porque para ayudar hay que entender sin ponerse enmedio.
Óscar me sorprende muchísimo, porque a pesar de su inteligencia bastante limitada tiene bastante capacidad de introspección, sabe que algunas acciones que ha hecho las hace desde otro estado mental, sabe “observarse” que es algo que mucha gente no tiene. Hace unos años alguien le enseño a meditar, y solito fue modificando su práctica.
Ups, si no voy al baño ahora, no me dará tiempo de ir al gimnasio.