Hoy fui a casa de mi hermana a comer con la familia—bueno, en realidad con mi madre y mi hermana, porque mi sobrino estaba con su padre, pues mi hermana y el padre de mi sobrino ya no son pareja, y mi padre y mi madre tampoco.

En realidad, estoy rodeado de “matrimonios fallidos”, si se le puede llamar así. Tengo… 14 primos en primer grado en Puebla, de los cuales 12 tienen hijos, pero sólo dos siguen casados (casadas, porque son mujeres). Del resto, una prima estaba felizmente casada, pero enviudó—miento, el marido salió del clóset y se fue de la casa, pero eran amigos desde la infancia y más tarde volvieron a una relación poco convencional, pero eran felices. Él murió de una enfermedad rara (no era SIDA, tengo entendido).

A veces mis primos me cuestionan de la razón por la que no estoy en una relación. “Con todo lo que ustedes me cuentan, se me quitan las ganas”, bromeo, y con eso me los quito de encima. Pero en realidad es una especie de misterio para mi también. Cuando dejé el trabajo me quedó la impresión que para disfrutar estar en pareja, también había que tener un presupuesto con el cual afrontar los gastos de viajecitos y regalitos y salidas, lo normal en una relación.

La gente me dice “no es para tanto, hay muchas cosas que puedes hacer con poco dinero”, pero lo que no entiende esa gente es la vida asceta que llevo. Y no es que sea codo, es que verdaderamente vivo con unos 300 dólares al mes, lo cual alcanza para mi comida, mi gimnasio y mi yoga. Cuando entra un ingreso extra normalmente hay cuentas por pagar, o cosas qué reparar, y sí hay algún lujito que me doy, pero casi literalmente he estado viviendo como monje los últimos tres años—en el aspecto material, espiritual, y sí, sexual.

Al principio echas de menos muchísimo esa vida de antes. Se siente como un sacrificio muy grande tener esta independencia del espíritu. Pero eventualmente te acostumbras y lo que antes era un sacrificio se vuelve tu día a día. Comprar ropa, por ejemplo, no está en mi radar. No veo las cosas materiales con deseo. Bueno, miento, las mujeres son cosas materiales (además de espirituales e intelectuales, por supuesto), y quizás eso es lo único que aún me tienta a “hacer dinero”, y la persona que lea esto pensará que veo el dinero como una forma de comprar mujeres, pero vuelvo a trazar el círculo: mi vida asceta está dictada por el presupuesto que tengo para financiar mi independencia.

A veces me cuestiono esta decisión, si no desperdicio demasiado de mi tiempo libre en hacer cosas que nadie ve, y si las vieran lo las entenderían. Esto mismo que estoy escribiendo es un ejemplo de ello, pero puede ser dedicar el tiempo al jardín, dar de comer a Óscar, pasear a Nina, ir a yoga y al gimnasio. Verdaderamente me gusta mucho mi vida, quizás es como si ya estuviera retirado. Si me estreso, claramente es porque así lo quiero, sólo tengo que sentarme a meditar para darme cuenta que todos mis problemas literalmente son creados por mi mismo, para incitarme a hacer y terminar mis proyectos.

Sí, debo de admitir que aunque tuviera mucho dinero, no quiero conceder un espacio en mi vida a otra persona, pero a la vez sé que—si conozco a alguien que valga la pena, ese espacio se lo voy a dar, porque voy a estar enamorado y eso es lo que hace el amor. Es más, no sólo voy a darle un espacio, voy a acomodarme en su vida también. Iré a sus reuniones familiares, celebraré sus logros, todo lo que se hace en una relación normal, pues.

Quizás es muy ruin de mi parte lamentar esto, pero es la concesión que uno debe hacer para estar en una relación. La mayor parte de las personas—hombres y mujeres—parecen estar en una pesadilla, y desean arrastrarte a ella, los conflictos que tienen en su trabajo, con sus amigos, con su familia, con el mundo, con la política, quieren que estés de su lado, que estés en su bando dentro de su guerra imaginaria. Y es por eso que muchas de las relaciones que tienen mis primos son fallidas, las dos relaciones exitosas que hay son porque están peleando la misma guerra: esa de criar a sus hijos de la mejor forma posible, y ahí es a donde orientan sus acciones. Inclusive mi hermana y su ex procuran armonía por el bien de su hijo.

Hace tiempo decidí que no quería estar en relaciones en las que no viera un futuro. Bueno, hay una excepción, una mujer que estaba ahí para enseñarme algo muy importante, la quise mucho, pero cuando sentí que la lección había terminado, se lo dije y nunca volví a añorar estar a su lado. Se extrañó mucho de mi desapego, pues era una mujer muy guapa y fogosa, y estaba acostumbrada a que los hombres comieran de la palma de su mano. Pero para entonces yo ya era lo suficientemente consciente como para saber que me estaba invitando a una pesadilla y que lo mejor era despedirnos con un buen sabor de boca.

Siento ya he podido renunciar a las cosas materiales, a las cosas intelectuales, pero a las cosas de pareja aún no. En el fondo añoro aún enamorarme una vez más, a pesar de que la última persona con la que estuve fue un gran desencuentro. Pero de igual manera, esta persona se presentó en mi vida para enseñarme algo: que a pesar de mi manifiesta neutralidad y desapego en muchos temas, hay uno que me toca en lo profundo: que se me ponga en el campo del enemigo, porque yo no estoy en el campo amigo. Si no estoy dispuesto a protestar por el cambio climático, significa que no me importa el planeta. Si no estoy dispuesto a dejar de comer carne, es porque no tengo compasión por los animales. Es como si no cargara una cruz, pues entonces estoy cargando la cruz invertida del anti-cristo. Lo que me sorprendió mucho de este suceso es que noté un apego enorme a cómo me percibía mi pareja. Esto es, tengo un ego que se cree muy desapegado, pero cuando se me cuestiona mi neutralidad, entonces me tocan las pelotas.

Parece que hay lecciones que sólo una pareja que puede dar, y esto se da por el enamoramiento. Al enamorarte abres la gran puerta de la muralla y entra el caballo de troya, del que salen cien soldados y hacen sus desmanes, pero si no permites este suceso te quedas como hermético, aislado completamente del mundo. Me gustaría, en lugar de ser como las murallas de Ávila, la ciudad Europea rodeada por un muro masivo, ser como las murallas de Cuauhtémoc, las murallas de la ciudad prehispánica, que eran nulas porque su forma de guerra no era militar, sino espiritual.

Se dice que los guerreros mesoamericanos consumían hongos alucinógenos antes de guerrear, y si bien es cierto que se protegían con escudos, su indumentaria era más bien ritual, con pieles de jaguar y cascos en forma de la cabeza de un águila, cascabeles en los tobillos, y una forma de pelear casi danzante. Para ellos, presenciar la forma de guerra románica, con escuadrones y hombres bien organizados, debe haber supuesto un insulto a los dioses. Se peleaba enteramente con el corazón, y no con la mente.

Es—quizás—esta la respuesta al acertijo del que vengo escribiendo, intento discernir una estrategia para obtener lo que pide el corazón mediante el uso de mi mente, debo de dejar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.