Energía vital
2020 Puebla (COVID)No he escrito en algunos días, en parte porque estoy soñando mucho—registro mis sueños, y luego la necesidad de escribir se me desaparece. He estado jugando con muchas ideas para el 2021, voy a tener un poco más de tiempo, y fantaseo mucho con lo que haré este año. Me hace mucha ilusión, siento que habrá un gran cambio de historia y que lo tengo que aprovechar, pero no sé exactamente qué es ni cómo se manifestará.
Cuando me encuentro programando, lo hago con una concentración que hace mucho tiempo no experimentaba. Y también con un gozo que ya se me había olvidado que experimentaba. Me levanto en la mañana con ganas de todo. Soy un tanto bipolar y sé muy bien que esta manifestación tiene su contraparte, que no puedo confiar en que esta manifestación esté presente todo el 2021. Más bien es como una ola que se viene y que tengo que agarrar para surfearla.
Una de las cosas que medio he decidido es volver a escribir en español, pero luego pienso: dónde? y pienso que debería ser en duopixel. Y debería de escribir diario, o casi diario, como una rutina, y escribir para el otro en lugar de mi mismo. Pero aún mantener mis escritos personales en inner.observer, para poder hablar conmigo mismo, aclarar mis propias ideas.
De cierta forma, todo lo que escribo se podría tirar a la basura, ya ha hecho su trabajo cuando he terminado de escribir, pero luego reviso lo que he escrito en el pasado y me alegro mucho de haberlo registrado. Basta con una pequeña indicación del presente para sucitar una memoria del día. Puedo escribir “estoy en la piscina y acaba de pasar una señora gorda” y boom, se me viene a la memoria casi todo el día.
Hoy por ejemplo, estoy en la oficina de mi padre, esperando a que se terminen de escribir las memorias de mi tío, las cuales transcribí de muchas libretas que lleva escribiendo. Quizás el gusto por registrar nuestra experiencia vital nos viene de familia. Dentro de mi siento unas leves ganas de fumar, pues he dejado los vicios como preludio al 2021, con algún desliz ocasional, pero no me causa ninguna violencia interior, pues está pensado así: un desface de vicios gradual y gentil.
Entre más experimento con este fenómeno, el de dejar ir los vicios, más me doy cuenta que arrancar el vicio repentínamente viene a un costo tremendo para la psique, pues no se está reemplazando la causa del vicio. Es cierto que se requiero cierto grado de fuerza de voluntad, pero entre menos se use mejor. Yo opero como si no tuviera fuerza de voluntad, si tengo ganas de fumar sé que haciendo ejercicio desaparece, y así en lugar de apretar los puños y aguantar la carencia de eso que estoy deseando, encuentro algo que lo reemplace. Pero ahora no me puedo poner a hacer lagartijas, sería bueno tener un dulcecito o algo para distraerme. También sé que poner mi atención en el fenómeno del deseo a menudo lo aumenta, conforme escribo acerca de fumar, mis ganas de hacerlo suben. Hay otra forma de lidiar con este fenómeno, que es la meditación.
Es como decirle al demonio: ven, quiero verte, te acepto como eres, no quiero eliminarte, sólo quiero verte. Y entonces uno lo mira sin juzgar, de la misma forma en la que uno puede sentir algún dolor sin tener que sufrir. Sólo llega con la práctica constante de la atención y la mente. Eso hace que el demonio se disuelva casi por arte de magia.
Acabo de hacer algunas respiraciones poniendo mi atención sobre mi deseo, y me di cuenta de una cosa: son las 17:40 y no he comido. Mi cuerpo sabe que se me quita el hambre fumando, y como mis caminos neuronales están viciados, la señal no es “tengo hambre” sino “tengo ganas de fumar”.
Otra forma de reducir la ansiedad causada por el deseo es símplemente cambiar el objeto de la atención. Yo pensaba que era muy difícil, hasta que observé la forma en la que lo puedes hacer con otras personas. Hace una semana comí con una tía lejana y su hijo. Ambos eran pequeños burócratas y su conversación era la cosa más aburrida del mundo: frustración porque el próximo año iba a cambiar la forma en la que se hacían los trámites en sus dependencias, y describían los trámites con lujo de detalle. A mi se me salían las lágrimas de aburrimiento.
Estaba a punto de pedir que ya no habláramos de ello, pero símplemente encontré el próximo camino de salida de la conversación, por ejemplo habrían mencionado una impresora, y pedí detalles de la impresora, y luego comenzamos a hablar de impresoras. Ahora bien, no soy tan aburrido (espero) como para encontrar interesante hablar de impresoras, símplemente es un ejemplo que se me ocurrió ahora, porque estoy mirando la impresora sacar las páginas del escrito de mi tío. Voy a mirar cómo va.
Y así me distraje un momento del fumar. Que extraño experimentar tanta energía vital. Inclusive mi forma de escribir cambia. Pero uno no debe estar apegado a esta experiencia tampoco, sólo percibo esta abundancia de energía vital en contraste de su carencia, si experimento esto de forma sostenida, será mi “nuevo normal”, y desearé experimentar esto nuevamente.
Los empleados de mi padre están bromeando, felicitándose por navidad. Yo sigo escribiendo como si no escuchara nada, pues mi rol aquí es ser invisible. ¿O no? de cualquier forma, son chistes de Godinez. “El programa especial inicia con las mañanitas—no con las mañanitas a nuestro niño dios” — “no seas blasfemo” comenzaron a cantar las mañanitas a Jesus! Es momento de dejar de describir la experiencia del presente.