Son las siete y media de la mañana. Tengo la espalda baja rígida, porque ayer levanté peso muerto. Fueron 45 kilos de cada lado, más la barra… 110 kilos. Levantar peso muerto es de los ejercicios más completos pero también más devastadores. Bien hechos, es poco probable que uno se lastime, el ego es el que lleva al cuerpo a intentar levantar más de lo que puede, y este parece ser mi límite.

Anoche me fui a la cama escuchando un podcast de mitos. Hablaba de sueños, de una tribu en el amazonas en donde—al despertar—la tribu relata los sueños que tuvo por medio del canto. El sueño se considera de relevancia colectiva. Cada uno de nosotros está conectado a la fuente, y al dormir, nos acercamos a la fuente. Viéndolo así, no es mas que lógico que los sueños tengan relevancia para el que no lo sueña. También dijo algo que me había resonado con algo que había dicho mi psicóloga hace muchos años: todo lo que no se dice se actúa. La variante de este señor era: todo lo que no se confronta interiormente, se actúa en la sociedad. El psicópata, el narcisista, el abusador es alguien que no se ha confrontado interiormente, y tiene toda la lógica del mundo. No creo que haya alguien quien—observándose con cuidado a través de la meditación y la introspección—pueda seguir haciendo daño a los demás a través de su inconsciencia. La tarea de observarse y conocerse a uno mismo debe ser constante.

Anoche soñé que estaba en una especie de reunión de unas cincuenta personas. Hacíamos una fila larga en un bucle, como si fuera una liga, y charlábamos con la persona de enfrente hasta que pasaba cierto tiempo y la fila se recorría para poder así hablar con todo el mundo. Unas cinco personas más adelante estaba Ana María Garza, la abuela de René—la abuela sabia en arquetipo y en la vida real, y me tocaría hablar pronto con ella.

Justo cuando estaba por suceder esa interacción se interrumpió la dinámica para un descanso, y yo—por alguna razón—salí escabulliéndome aliviado de no tener que hablar con ella. Afuera del salón había alguien fumando, le pedí un cigarro pero me lo negó amablemente, diciendo que había un puesto en donde venían cigarros sueltos ahí cerca.

Fui al puesto para el comprar el cigarro, y cuando saqué el dinero estaba todo mugroso, el chico que me negó el cigarro apareció junto a mi y le pagué el cigarro que no me dio (en el momento me pareció que tenía sentido), encendí mi cigarro y se acercó a mí el ligue con el que me había enrollado en este taller.

“Veme a buscar al café Mocambo” me dijo, “quiero verte una última vez antes de que te vayas a Oaxaca a ver a tu novia”. Me dio algo de pereza ir, pues ni estaba tan guapa pero mi ego se pavoneaba del hecho de poseer dos mujeres. Le dije que eso haría, que la alcanzaría ahí.

Salí del taller a tomar el autobús. Llegué a mi casa y me encontré a Óscar en la caseta. Le dije que viniera a cenar a la casa. Llegué a casa y me acosté en la cama “mierda!” pensé, “dejé plantada a mi ligue en el café Mocambo. Bueno, vale madres, al fin que estaba fea, que nunca más sepa de mi y listo”. Luego tocaba Óscar a la puerta y me daba pereza cenar con él.

Lo que considero aparece aquí es la sombra del animus, la sombra de la parte masculina. Los defectos que se observan son:

  1. La evasión del contacto con la sabiduría profunda
  2. El ceder a la adicción
  3. El uso de dinero sucio, y el mal uso de él.
  4. El vivir una doble vida con mi pareja
  5. El olvidar mi propia palabra
  6. El resolver mis problemas personales despareciendo
  7. El hastío de ayudar a los demás

Aunque en el sueño aparecen muy exaltados, puedo decir que he sentido estas cosas recientemente en mi vida. Al igual que ayer, parece necesario hacer uso de la imaginación para reescribir el sueño.

Anoche soñé que estaba en una especie de reunión de unas cincuenta personas. Hacíamos una fila larga en un bucle, como si fuera una liga, y charlábamos con la persona de enfrente hasta que pasaba cierto tiempo y la fila se recorría para poder así hablar con todo el mundo. Unas cinco personas más adelante estaba Ana María Garza, la abuela de René—la abuela sabia en arquetipo y en la vida real, y me tocaría hablar pronto con ella.

Justo cuando estaba por suceder esa interacción se interrumpió la dinámica para un descanso, y yo—por alguna razón—deseando hablar con ella, la saludé efusivamente le propuse charlar afuera durante el receso. Hablábamos de la segunda versión de espiral, la cual iba muy bien, pero me distraía alguien que estaba fumando, tenía muchas ganas de fumar y quería pedirle un cigarro.

“Ana María”, le decía “siente que he aprendido a relacionarme con mis adicciones de una forma mucho más saludable que antes. Al hacerme indiferente al “recaer” ya no hay una narrativa de que “he fallado” y por lo tanto no tengo episodios de completo abandono y completa abstinencia, sino que me fumo un cigarrito por aquí, un porrito por allá, y así voy satisfaciendo mis pasiones sin identificarme como usuario o no-usuario de tal sustancia. Lo que me pregunto es: ¿hay otro estadío más sano que este en relación a la adicción?”

“Mark, es muy admirable que hayas podido elevarte más allá de la polarización en la adicción. Has sintetizado los polos y ahora eres capaz de ver la abstinencia total y el abandono total y encontraste el camino medio, que en realidad es el camino de la síntesis. Pero dentro de esta síntesis hay una nueva polarización: ¿cuál es?”

“Creo que lo que percibo es un potencial no-realizado, como una facilidad para ser seducido por los placeres de la vida. Si esto fuera una polarización, sería entre ceder al placer o retenerme para cosechar mejores frutos en el futuro.”

“Parece que lo que buscas es incrementar tu soberanía. No necesitas de ninguna sustancia para permanecer en tu centro. ¿Es así?”

“Me parece muy correcto”

“Bien, pues el proceso de incrementar tu soberanía es como el segundo capítulo del proceso de la independencia de las adicciones. No se hace de un día para otro, se logra diciendo “no voy a pedir un cigarro hoy porque prefiero ejercer mi soberanía. No soy dependiente de eso para estar contento y relajado. Puedes respirar profundamente para reconectar con el refugio interior en donde uno está resguardado de todo. Es una declaración de soberanía y libertad”.

Le di un gran abrazo a Ana María y me despedí. Recorrí los puestos, más para perder el tiempo que para comprar algo, cuando se me acercó la chica con la que había ligado. “Veme a buscar al café Mocambo” me dijo, “quiero verte una última vez antes de que te vayas a Oaxaca a ver a tu novia”.

“Tengo algo que decirte: no sé muy bien cómo es que llegamos a involucrarnos, no es algo que haga normalmente. Mi compromiso más grande es con la verdad y la integridad, y esto me va a ser muy difícil de explicar. Si nos hemos involucrado, y no sé ni cómo, es porque ha pasado mientras estaba dormido, ahora que he despertado me es imposible verte nuevamente. Es mejor que nos despidamos aquí y ahora.”

Así lo hicimos, y tomé el autobús de regreso a casa. En la caseta me encontré a Óscar, que me acompañó a cenar a casa. Le conté lo que había pasado en el taller, y él me contó lo último en su vida.

Segundo sueño reescrito. Parece ser periodo relevante.