Log de sueños: ira
2020 Puebla (COVID)Son las seis y media de la mañana, me desayauné un gran cuenco de avena con semillas, porque el huevo se me ha terminado. Aunque está hecho, no he tomado café aún, pues sospecho que el gran cuenco hará que me de sueño y vuelva a la cama. Si tomo café, no podré aprovechar bien el sueño.
Hoy fue el tercer día consecutivo con sueño temático. El subconsciente se comunica claramente conmigo, lo cual no había hecho hace años, indicando una dirección clara: cómo habitar la masculinidad. El sueño fue el siguiente:
Estaba de vacaciones con Mar y conocíamos a unas personas. Yo establecía buen rapport con un chico y charlábamos entusiasmadamente. De reojo, veía a Mar que estaba cansada, pero pensé “ya me dirá cuándo se quiere ir”.
Pasaba un día entero y yo seguía en la fiesta, cuando una chica se me acercaba y me decía que mi novia se había ido a dormir enojadísima la noche anterior, que quizás debía ir a ver qué había pasado. Hice un gesto de “qué importa” y seguí hablando hasta que llegó Mar, con cara de no haber dormido.
Me reclamó que no tuve ninguna consideración con su cansancio, que me estuvo esperando hasta que pudo, que no pudo dormir bien porque no había llegado a dormir, y que si iba a andar por libre pues tal vez era mejor terminar y andar ambos por libre. Me enojé y estuve a punto de decirle “sí, tienes razón, que cada quien haga lo que le de la gana” pero entendí que esta era la trampa de mi propia psicología, que tenía que llevarla a un lugar privado y estar presente con ella en su deshago emocional.
Me está ganando el sueño después de comer ese gran bowl de avena, será necesario dormir, y observar si se presentan más sueños.
No se presentaron más sueños.
Pero el sueño acaba de tener una resonancia con la vida real. Salí a pasear a Nina y me encontré a Óscar, que llevaba unos documentos en la mano. Se los quería dejar al esposo de una señora que le ayuda, pero el esposo comenzó a hacer preguntas: “¿qué documentos son? ¿a nombre de quién están?” lo cual lo irritó y comenzó a insultarlo diciéndole pendejo y se fue haciendo un berrinche. Le pregunté qué había pasado, “me molesta que me hagan preguntas, ¿cómo que qué documentos son? ¡Pues mis recibos obviamente! ¿cómo que de quién son? ¡pues míos tarado!”—“El no tenía manera de saber Óscar”—“Pues qué le importa, son para Brenda”, y me di cuenta que estaba intentando razonar con alguien que estaba en un estado alterado de consciencia, la ira, y que no iba a poder persuadirlo de que no había razón para enojarse ni un poquito.
Intenté mantenerme presente con él, sin darle la razón ni contrariarlo. Luego de un rato llegó a calmarse y me dijo “Sólo tú y el Johnny me tranquilizan”, y la tormenta pasó sin más.
Si yo fuese el objeto de su ira seguramente no tendría tanta paciencia, pero es así como hay que entender muchas circunstancias, las personas no se enfadan con nosotros vienen enfadadas buscando una razón para justificar su enojo. Uno a menudo lo experimenta como niño cuando un padre sobre-reacciona a una cosa menor, o cuando explotamos contra el burócrata porque llegamos de malas a hacer un trámite. El momento de la ira es cuando salen mil flechas y estar presente es dejar que las flechas lo atraviesen a uno, pero no encuentran carne. El Tao Te Ching lo dice:
Aquel que sabe vivir puede viajar por la tierra Sin temor al rinoceronte o al tigre. Puesto que no será herido en batalla. Porque en él, el rinoceronte no encontrará lugar para lanzar su cuerno, El tigre no encontrará lugar para usar sus garras, Las armas sin lugar para lastimar. ¿A qué se debe esto? En el sabio no hay lugar para que entre la muerte.