Log de sueños: energía yang
2020 Puebla (COVID)Hoy en Puebla hubo un calorón que me recordó a Madrid. Uno sale al jardín y se pregunta cómo soportan las plantas este sol. No sólo es que el sol quema, el aire mismo se ha calentado y por lo tanto uno no encuentra alivio en la sombra.
Afortunadamente mi casa es muy fresca, lo cual es un alivio en los meses de verano, pero un castigo en los meses de invierno. Ahora mismo son casi las ocho de la noche y aquí estoy; sin playera, escribiendo lo que me viene a la mente.
Hoy sentí deseos de escribir otra vez, luego de mucho tiempo. Cuando he escrito en los últimos días, ha sido para organizarme, para poner en orden mis tareas, que siente que luego se me acumulan, pero hoy he sentido deseos de simplemente sentarme a escribir sin un propósito.
Leí un thread en Twitter donde James Clear, de atomic habits hacía un pregúntame lo que quieras y le preguntaban de dónde encontraba inspiración para escribir tanto. Dijo que su inspiración la encontraba de leer, y pensé quizás no siento inclinaciones para escribir porque no he leído nada, pero luego reflexioné un poco más, y me di cuenta que en realidad siento impulsos de escribir cuando tengo experiencias vitales novedosas que no sean demasiado íntimas.
No es que no sienta deseos por describir experiencias íntimas (las cuales a menudo no son sexuales, sino experiencias emocionales de carácter privado) sino que siento que no hago justicia a la experiencia al ponerla por escrito. Pero quizás debería trabajar más en esto, encontrar mi voz poética para expresar mejor lo que experimenta o añora el corazón.
Hoy, por ejemplo, me eché una siesta, y soñé que Mar me contaba de forma indiferente que había ganado un premio de arte interactivo, el premio “Rufino Tamayo”. Yo la veía incrédulo, ¿cómo podía ser tan indiferente? así que me levanté y le di un abrazo para felicitarla. Pero dentro de mi sentí envidia—quizás pude haber sido yo el que partipara y se llevara el premio. “Bueno, saqué tercer lugar”, me dijo. “¿Tercer lugar? Bueno, eso está muy bien”, y sentí alivio, la abracé con más fuerza y me dio mucho gusto por ella, porque en el fondo sentía que el primer lugar hubiera sido mío si hubiera participado, y así la envidia había desaparecido.
¡Qué cosas tan insensatas sueña uno! Ya escrito, me veo obligado a explicar su significado: los personajes con los que uno sueña no representan a sus referentes. No existe competencia creativa entre mi novia y yo, pero hay una parte de mi que desea expresarse y usa al personaje de Mar (“mi Mar”) para transmitir una historia del subconsciente.
Tengo una actitud bastante imparcial respecto a las cosas buenas y malas que pasan en mi vida. No sabemos si las cosas suceden para bien o para mal, lo que hoy fue un beneficio mañana puede ser un perjuicio. El hombre que hoy se rompe una pierna puede evadir participar en la guerra el día de mañana. Observado desde fuera parece una indiferencia ante la vida, un letargo del cual otra parte más emocional de mí parece querer despertar, y esa es la parte emocional, cuya parte oscura se revela como envidia.
Hay dos dualidades: la de los personajes de la historia, que además están invertidos en sus roles de género (el hombre es demasiado emocional mientras que la mujer es indiferente), y la de las emociones del hombre, que son alegría y envidia. El sueño se manifiesta como un nudo, el cual a veces se deshace en el sueño mismo, pero la mayor parte de las veces nos deja una tarea por resolver.
Mediante la imaginación, volvemos al sueño y hacemos que los personajes tengan un diálogo. Sabiendo que estos son facetas interiores de mi mismo, sólo pondré un M para la parte masculina y una F para la parte femenina.
""" F. “Hoy me dieron la noticia de que gané un premio de arte interactivo”. M. “¿En serio? ¡Muchas felicidades! Déjame darte un abrazo” M. “Te siento indiferente al premio y a mi abrazo también, ¿qué pasa?” F. “Creo que tus felicitaciones no son sinceras. Creo que tienes envidia” M. “Sí, algo hay de eso. Creo que si hubiese participado, yo podría haber ganado ese premio”. F. “¿Estás seguro que hubieras participado de haberte enterado?” M. “Estoy seguro de que no hubiese participado”. F. “¿Entonces cómo es que sientes envidia?”. M. “Creo que mi envidia no tiene tanto que ver con el premio, tiene que ver con la capacidad de crear”. F. “¿Estás seguro que no te importa el reconocimiento?” M. “Honestamente, creo que sí me importa. Asumiendo que tú eres yo, entiendo que mi capacidad de creación está enteramente puesta en mi parte femenina, pero a mi parte femenina no le podría importar menos el reconocimiento. Creo que yo, mi parte masculina, está de cierta forma castrada a la creación, porque ha sido doloroso descubirme no ser el mejor, y por lo tanto sólo puedo crear desde el desapego. F. “Esto que llamas castración sólo ha sido una rama podrida que ha caído. ¿Es posible que haya un retoño? M. “Mi vida parece girar sobre una espiral, esta es la tercera vuelta de la misma historia, pero no estoy viviendo la misma historia, lo veo todo desde un punto de vista más elevado. Creo que sé qué es lo que me está pasando. F. “¿Recuerdas el sueño del dragón que giraba alrededor de la montaña?” M. “Sí, ¿es este el momento?” F. “No soy yo quien responde a esa pregunta” M. “Entiendo, déjame proponerte algo: felicítame por haberme ganado el primer premio”. F. “Mi amor, eres el mejor, felicidades”. M. “No fue nada”. F. “Siempre tan modesto, anda, vamos a celebrar”. """
Lo que está desacomodado dentro de mi son mis propias energías. Recurro a mis energías femeninas para hacer cosas masculinas, y a las energías masculinas para hacer cosas femeninas. Cuando era muy pequeño, tendría unos cuatro años, soñé que entraba a una especie de gran máquina, y cuando salí del otro lado, salí convertido en mujer. Ahora que conozco un poco mejor mi psique sé que esto representa la capacidad de operar bajo el yin y el yang, y que hay inversiones temprales, costumbres y estrategias que uso de cada polo para confrontarme a la vida. Así como comencé por este camino-del-pensamiento, me doy cuenta de que esto es una bendición o una maldición, dependiendo de cómo lo use. Para convertirlo en bendición, tengo que actuar desde mi parte masculina cuando el mundo exija esto de mí, y viceversa por supuesto, y que quizás he reprimido mi parte masculina principalmente porque esto fue lo que me llevó a la más miserable de las estaciones de mi vida.
Hoy decido reivindicar esta parte de mi.