Lento
2020 Puebla (COVID)Conocí a alguien y he sido lento en mover las cosas. Al principio fue por las dudas, más que lentitud fue una precaución, pues sabiendo cómo el amor lo pone todo boca arriba, no es insensato hacerlo. Es como los perros que se acercan a conocerse, no llegan directo a jugar o a agredirse, sino que se olisquean y miden para entender si son amigos o enemigos. Ambos tenemos una disposición amistosa, eso está establecido ya.
De acuerdo a convenciones sociales, hoy era el momento de pasar a un plano más físico. Y de cierta forma así fue, pero de una forma muy sutil: cuando me dijo que se lastimó el brazo, se lo toqué, y cuando fue momento de despedirnos, la tomé de la cintura para darle el beso en la mejilla. Me sorprendió que no hubiese premeditado nada de esto, mi cuerpo lo hizo en automático, y es muy peculiar, porque en ocasiones anteriores que nos hemos saludado o despedido de beso he sido torpe.
Y me regresé del yoga en la bici con una sensación muy agradable, como la de haber dado un pequeñísimo sorbo de un néctar muy rico pero embriagador. Son actos tan sutiles que en el plano material apenas se notan, pero mueven aguas profundas. Es demasiado pronto para especular acerca de esto, pero algo que ha permanecido adormecido en mi va despertando y recordando. Todas las protestas y defensas que percibía antes van pareciendo irrelevantes.