Estoy trabajando con poca concentración, y he visto abierto blank page y pensé “mejor procrastinar escribiendo que leyendo cualquier porquería en internet”, y como que hoy tengo ya calmado el corazón como para registrar otras experiencias distintas al amor. He leído lo que he escrito en mis últimas entradas. Todo tiene que ver con M. Es hora de registrar otro tipo de cosas. ¿Qué cosa es más importante que una mujer? La misión que uno tiene en la vida.

En el aspecto masculino interior existe una especie de propósito de vida, un regalo que uno viene a dar al mundo, el espíritu lo percibe, y si uno se mantiene alejado de esta misión vital pierde su vitalidad y su fuerza espiritual, se vuelve nihilista, cínico y seco. A veces, para percibir si voy por el camino indicado, respiro, y si mi respiración se percibe húmeda sé que el camino el correcto. No sé de dónde viene la humedad, o porqué se percibe así, y sospecho que cada persona experimenta el fenómeno de andar-sobre-el-camino-indicado de formas distintas.

Los Sufís tienen un concepto llamado baraka, que es la fuerza espiritual que tienen los santos y los profetas, que fluje desde Dios hasta sus emisarios, y los emisarios tienen la capacidad de dotársela a la gente normal, a través de su presencia. Al Cid Campeador los musulmanes le atribuían baraka, su sóla presencia en el campo de batalla hacía que todos pelearan mejor y con más fé.

En la antigüedad sólo el faraón iba al cielo, luego el cículo de la salvación después de la muerte se amplió a los nobles, y así sucesivamente hasta que Jesús democratizó la entrada al paraíso. De la misma manera, la baraka ya no pertenece a un héroe, a un santo o a un profeta, todos tenemos baraka, pero no tenemos fé en que estamos sobre esta tierra para dar un regalo al mundo. Vivimos nuestra vida de una forma increíblemente cobarde, malgastando nuestra vida en nuestra zona de confort, sometidos a rutinas absurdas, trabajando para personas ruines, adormecidos con drogas o pastillas, sin meditar sobre nuestra vida o nuestra muerte.

La única forma de escapar de este calabozo es teniendo fé que somos especiales, que vinimos al mundo a entregar ese regalo, que nadie creerá en nosotros si no creemos en nosotros mismos. ¿Cuál es el regalo que yo vengo a entregar al mundo? No puedo articularlo aún, pero sé cual es la dirección indicada. Par poder entregar ese regalo, el primer paso es hacer tiempo y espacio para ejecutarlo. Terminar los compromisos hechos. Tener fé. No perder más el tiempo. Mirar dentro.

¡Que enorme es el alma! ¡Que bríos tiene el espíritu! Y aún así la mente está estable y el corazón contento. Todo saldrá bien.