El amor
2020 Puebla (COVID)Tiene mucho que no escribo para mi mismo. El amor hace un torbellino de impresiones que son imposibles de registrar en público. Supongo que podría sentarme y describir los pensamientos que pasan por mi cabeza, las sensaciones del cuerpo, las emociones del corazón, pero no habré registrado nada más que un estado interno turbulento. Estoy esperando a que el viento deje de soplar tan fuerte, a que los mares se calmen, a que el polvo se asiente para poder seguir escribiendo como lo hacía antes.
Ayer saliendo de yoga le pregunté a una compañera alemana si le gustaba Goethe. Se encogió de hombros. Me reí, sabía que para ella la pregunta sería como si me preguntaran si me gusta Cervantes, es algo que aprendes en la escuela y ya está. La razón por la que le pregunté por el genio de Weimar fue porque él volaría como un cometa en estos vientos, uno sin embargo, intenta mantenerse estático como una piedra azotada por el mar.
¿De qué tenemos miedo cuando nos enamoramos? De que nos estrellemos fuerte por haber volado tan alto. De perder la autonomía e independencia que uno lleva tanto tiempo cultivando. Y entonces uno baila torpemente porque no se quiere entregar a la melodía del amor, y cuando uno escribe así también se tropieza sobre sus propias palabras, porque el corazón quiere escribir y la mente regular lo que las manos están tecleando.
Aquel que sólo entrega la mitad menos sensible de su corazón al amor, cosecha frutos amargos que le confirman que el amor no merece la pena. Aquel que lo entrega todo no cosecha frutos, sino que se vuelve fruto él mismo, para ser consumido por la vida para multiplicar la vida sobre esta tierra.
Supongo que si me saliera de mi mismo y lo viera todo desde fuera, me susurraría al oído: no seas cobarde, entrégate todo, y además me lo diría con una sonrisa traviesa. Cuando el mar tira muy fuerte hacia adentro es porque se está formando una ola muy grande. El consejo interior está en desacuerdo si esta es una ola que hay que evadir porque saldría revolcado, o si es una ola que puedo agarrar para deslizarme con ella.
No es una conclusión a la que llegaré escribiendo, esto es un paisaje interior que voy describiendo de un momento específico en el que observo mi miedo al confrontarme a cosas a las que no me enfrentado en años. Vamos a nadar.