Ayer llegaron dos amigos de la infancia que solían ser vecinos a jugar nuestra partida anual de Risk. La partida la perdí yo, como siempre, pero en cada partida que jugamos entiendo algo nuevo. El año pasado comprendí que no me quiero asociar con deshonesta, requiere una gran cantidad de vigilancia que no te hagan trampa. Quieres jugar el juego para disfrutarlo, no estar observando cada movimiento del contraincante para asegurarte que el juego sea justo.

El año pasado también estaba fumado y realmente no me importó el resultado del juego. Este año no, y me vi más involucrado. Si bien el resultado a final de cuentas no importa, lo que observo es que la marihuana interfiere en el significado subjetivo del juego. El efecto es el mismo en la vida en general, hace que nada realmente importe. Fumado, tanto como en el juego como en la vida real, puedo ser muy entusiasta en una batalla, pero no estoy jugando por mejorar mi posición en el tablero. Mis esfuerzos van a batallas poco importantes. Es mejor auto-regularse, entender la estrategia, calcular, estar involucrado en el tablero más que en las batallas.

Como el partido se prolongó demasiado, fuimos a comer unos tacos. Al terminar me vi sorpendido de que uno de ellos me invitara la cena. El otro protestó “ay cabrón, porqué a mi no!”—“Porque Mark siempre ha ayudado a mi mamá”—y me dio gusto, la verdad. Es una cosa bastante curiosa, viniendo de alguien como mi amigo, el gesto es mucho mas importante que de alguien que entiende de etiqueta.

Mi amigo quería pagar con la tarjeta, pero su terminal no servía. La terminal era uno de esos clips tipo square que se conectan al teléfono.

  • Uy este puente está muy forzado. No lo voy a escribir ahora.