Hace tanto tiempo que no escribo… Y no siento ninguna culpa. Siempre he tenido como política personal no escribir en público cuando el amor se atraviesa en mi vida. Pero ninguna agitación puede perdurar tanto, y por fin siento mi mar interior calmarse a tal punto que me es posible notar los anhelos que habían quedado obstruidos por tal agitación.

Nina está debajo mío, moviendo la cola, queriendo que la acaricie. Bajé la mano para acariciarla, y no deja de rogarme mimos. Me gusta hacerlo, me da placer, pero también es una interrupción de lo que estoy escribiendo. Pareciera haber un paralelo que esclarezco intuitivamente.

Uno viene a dar un regalo al mundo. Uno también recibe regalos del mundo. El trabajar exclusivamente en dar tu regalo al mundo te hará ciego a los regalos que te da el mundo, y esos regalos—a pesar que parecen no tener nada que ver—ayudan a uno a dar ese regalo al mundo, a cumplir ese propósito para el cual estamos aquí.

Hay una diferencia entre el significado de la vida y el propósito de tu vida. El significado de la vida es un acertijo con dos caras opuestas que forman un todo. Cuando uno logra el silencio interior se percibe una vivacidad inherente, el significado de la vida no se piensa, se siente y está ahí en esas pulsaciones sutiles donde se conecta el cuerpo y el alma. Tanto las partes como las relaciones entre ellas (podríamos llamarles conexiones) forman parte de este significado. Es lo mismo que observamos cuando entramos en comunión con la naturaleza, o tenemos una experiencia estética: dejamos de pensar en el significado de la vida y experimentamos el significado de la vida.

La otra cara es más racional que espiritual, y es la conclusión que la vida no tiene significado. Esto nos libera para elegir lo que queremos que signifique, y nos hace co-creadores de nuestra realidad. La gestalt de todos los símbolos que aparecen en nuestra vida pintan una narrativa en la cual tejemos el significado de la vida de acuerdo a nuestras circunstancias. Nada nos viene dado, sino que tenemos que construirlo.

Ya he escrito acerca del significado, luego tenemos el tema del propósito de nuestra vida. A diferencia del significado, el propósito va cambiando a lo largo de nuestras vidas. Uno podría decir que hay un propósito de propósitos, una visión que abarca todas las pequeñas intenciones que tenemos en la vida. Creo que aún no descubro el propósito de propósitos de mi vida, aunque me llega una posibilidad: la eliminación de mi separación del mundo. Definitivamente nací y crecí con un sentido de individualidad y separación del resto de los seres humanos de forma pronunciada. Observo que el propósito de mi vida lo tengo mucho menos claro que el significado de mi vida, pero ese es el propósito de escribir, esclarecerme las ideas.

Para esclarecer ideas de este tipo conviene pensar en términos mitológicos. Estoy seguro que yo soy un explorador. La primera mitad de mi vida la he dedicado a explorar la separación. Ahora, creo que toca explorar la re-integración. Perder mi individualidad. Llegar a la personalidad genérica, como dice Jodorowsky. Si tardé 40 años en llegar a la persona auténtica e individualizada que soy hoy, tardaré otros 40 en llegar a ser una persona genérica y embedida en su entorno natural y social. La manera en la que esto se conecta con la exploración—es una exploración vital. Ya he aprendido todo lo que hay que aprender de mi mismo. Es hora de aprender a través de los demás. Hay que desmantelar todo lo construido en los últimos 40 años. Hay que dejar de pensar y escribir acerca de mi mismo, y esto no sucederá de la noche a la mañana, pero habría que despertar pudiendo articular ambos el propósito de mi vida completa, y el propósito de mi vida en este momento.

Trazando un círculo al inicio de mi razonamiento, quizás es el amor lo que me inclina a escribir de esta forma, el hecho de que haya una figura femenina en mi vida me permite practicar mi parte masculina, la parte que proyecta y pone propósitos. Quiero despertar cada día y saber cual es el propósito del día, de la semana, del año, de la década, y de la vida. Creo que, por el momento, tengo los extremos bien claros: el propósito de mi vida es explorar y compartir lo explorado. El propósito del día es cumplir con mis obligaciones laborales.

A comenzar la jornada.