Últimamente he adquirido un mal hábito, que es el de irme a dormir escuchando podcasts. Creo que es un mal hábito porque es algo que solía hacer con meditación—me quedaba “escuchando” mi propia respiración hasta que comenzaba a cabecear (a menudo menos de cinco minutos), luego me acostaba y me quedaba dormido con la mente “limpia”.

Sinceramente, ahora que escribo acerca de ello, no entiendo porqué he caído en este mal hábito, siendo que me agita la mente, y a menudo despierto a la mitad de la noche con la mente llena de pensamientos, y además tardo más en dormir. En los círculos espirituales se dice que no despertamos porque estamos apegados al drama, y puede que sea este el origen de mi vicio, la mente no se quiere estar tranquila. Hoy haré intención de irme a la cama sin el teléfono.

Esto lo comencé a escribir con la intención de escribir acerca del podcast que escuché anoche, que era de una señora egresada del Harvard Divinity School que tenía una especie de organización/empresa llamada “Sacred Design Lab” (https://sacred.design) y me chirrió muchísimo, pues se mete en lo que ahora considero mis dos áreas de especialidad, en las que llevo intentando construir puentes desde hace varios años, pero que aún estoy buscando la integración de esta dualidad, pues la espiritualidad y el diseño a menudo parecen antítesis, la espiritualidad se lleva mucho mejor con el arte, así como la ingeniería se lleva mejor con el diseño.

Me dio la impresión que esta señora quiere “productificar” la espiritualidad a través del design thinking, ahora bien, antes de colgar a esta señora en la horca tengo que investigar muy bien sus métodos y sus productos, pues me estaba alebrestando de tal manera que decidí que sería muy mal contenido para dormir y lo quité, pero hoy me encontré pensando: “bueno, si el propósito del diseño es satisfacer una necesidad, y existe una necesidad tan grande de encontrar significado en la vida, porqué es tan malo hacer un producto que te apoye en esta tarea?”. Mis exploraciones con The Virtuegraph iban en esta dirección, pero luego he sentido que todo esto viene de una necesidad de cuantificar que es diametralmente opuesta a la sensación espiritual.

Es un poco como la dieta: si lo que quieres es comer bien y sano, tienes que dejar de contar calorías y comer con conciencia, aunque saber contar calorías y macronutrientes te ayudan a comer con aún más conciencia.

El progreso espiritual es la cosa más peculiar, en numerosas ocasiones he sentido que—para seguir avanzando—es necesario destruir las escaleras que usaste para llegar a donde estás, y reconstruirlas en una manera enteramente distinta para llegar a un punto nuevo. En muchas ocasiones la sensación es la de andar en círculos, porque muchas de las conclusiones a las que llegas son las mismas que tenías antes de comenzar tu búsqueda.

Por ejemplo, alguien no iniciado dice “el ego no existe”, porque no nota su ego. Alguien iniciado dice “el ego es quien creo que soy”, porque lo ha notado. Alguien despierto dice “el ego no existe” otra vez, porque se da cuenta que es un producto de la imaginación. Y así hay infinidad de lecciones, en las que—como dice el Tao—el sabio parece un estúpido, porque se ha dado cuenta que todo conocimiento le es inútil.

Entonces, conforme avanzas en el desarrollo espiritual, te das cuenta de que mucho de lo hiciste es inútil, la única utilidad fue en haber descubierto su inutilidad. ¿Cómo puedes vender un producto cuyo objetivo es darte cuenta que sólo estás desarrollando al ego? Es como una mala broma, pero una mala broma necesaria para tu propio desarrollo espiritual. Son términos tan difíciles de describir que tengo que recurrir otra vez a la analogía: siempre he querido crear una app para registrar mi progreso en el gimnasio, pero ahora lo he dejado de hacer porque me doy cuenta que lo que quiero es mayor conciencia de mi propio cuerpo, no saber cuánto levando en bench press o en sentadillas.

Pero vuelvo a lo mismo, no pude haber llegado a este estado de conciencia sin antes haber sido muy escrupuloso llevando el registro de cuánto estaba levantando en cada sesión, y por lo tanto—si quiero ser honesto al vender un software para registrar tu progreso en el gimnasio—tengo que aclarar: pero esto en realidad no sirve de nada, lo que realmente quieres hacer es cobrar conciencia de tu propio cuerpo. ¿Crees que cultivas tu cuerpo al levantar más y más peso? ¿O cultivas tu cuerpo cuando te conectas con él, y lo usas eficientemente? La mente, el cuerpo y el corazón están conectados, idiota, deja de fragmentarte y déjales hacer música y danzar”.

Pero en todas las teorías de psicología del desarrollo se especifica claramente: no puedes saltarte las etapas. O mejor dicho, si te saltas una etapa tendrás “deuda de desarrollo”, y por lo tanto, aquel que no tiene fuerza resistencia o flexibilidad no puede profundizar en su cuerpo como lo hace alguien que sí. Aquel que no sabe de proteínas, grasas, carbohidratos y calorías, no puede profundizar en su propia nutrición como el que sí.

¿Pero cómo pedirle a un usuario que construya una escalera que luego tendrá que deshacer para escalar más alto? Estos serían los diez mandamientos de Moisés, una fórmula algoritimica para llevar una vida moral, que luego fue supercedida por la ley del nuevo testamento: trata a los demás como quieres que te traten, donde se requiere pensar como el otro para inferir una ley moral.

Como sea, bien he entendido que no debo construir puentes entre la espiritualidad y el diseño, lo que debo construir es una escalera que me permita ver a ambos desde un punto de vista más alto. Tengo miedo de no estar a la altura de lo que estoy buscando, pero yo soy el que exploro, y para explorar hay que renunciar al fruto de los descubrimientos. Voy recorriendo caminos que nadie ha caminado, y mi única labor será apuntar al potencial de estos productos platónicos, la tarea de minar este terreno ni me gusta ni me interesa, pero hay que hacer un esfuerzo para demostrar: “ey, aquí hay oro” y dejar que otros hagan ese trabajo. Mi virtud es ser tan ingenuo como para meterme en los berenjenales más espinosos y encontrar cosas que nadie hubiese encontrado.